LA CIUDAD Y EL CAMPO DE COLOMBIA SE UNEN EN INDIGNACIÓN PARA RECLAMAR UNA VIDA DIGNA

 

Delegaciones de la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular visitan localidades de Bogotá para compartir problemas, propuestas y luchas en una semana de indignación, donde las personas y sus necesidades son lo primero.

Silvia Arjona Martín. 

La Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular continúa sus acciones y actividades durante la semana de indignación por toda Bogotá. En el día de ayer, como actividad más importante, delegaciones indígenas realizaron un plantón a las puertas del Ministerio de Agricultura con el fin de presionar al ministro Aurelio Iragorri Valencia y al gobierno en general para que cumplan con los compromisos adquiridos con la Cumbre producto del Paro Nacional Agrario de hace dos años.

A pesar de que la concentración fue totalmente pacífica y no se produjeron altercados de ningún tipo, los medios de comunicación de masas utilizaron el sensacionalismo para denominar el acto como algo “violento” y “sin control”, quizás confundiendo la indumentaria e insignias propias de la guardia campesina, indígena y afrodescendiente por armas letales y mortales, las mimas que usan las fuerza militares y policiales en su día a día. Pero no, ninguna de las herramientas de la guardia rural sirven para hace daño, sino más bien fomentan el dialogo y la cordura, por lo que la Cumbre Agraria denuncia la tergiversación de información y falsedad de la realidad de los medios de comunicación y sus periodistas.

La fuerte presencia policial y militar a las puertas del Ministerio de Agricultura fue constante durante todo el día, fotografiando a las personas que se manifestaban, según explica el boletín número 2 de las Jornadas de Indignación Campesina, Étnica y Popular, creado para esta Cumbre Agraria.

Asimismo, otras delegaciones de la Cumbre Agraria acudieron a la Universidad Nacional, al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (INCODER), y a distintas localidades como Kennedy, Suba y Usaquén, con el objetivo de compartir la problemática que asedia el campo colombiano donde las multinacionales que instalan represas y explotan oro y carbón para su exportación, los monocultivos que generan problemas ambientales, el fin del uso de semilla tradicionales, el mal reparto de las tierras y la falta de servicios públicos como escuelas, centros de salud y carreteras, entre muchas otras cuestiones, son los principales obstáculos para desarrollar una vida digna en el campo colombiano.

Pero sin ir más lejos, en Bogotá también se palpan estos problemas. En el cerro San Cristóbal, de la localidad de Usaquén, la situación es parecida: falta de servicios públicos, privatización de suelos, acorralamiento en el cerro por la construcción de conjuntos de lujo en los alrededores y falta de oportunidades educativas y sociales fueron algunos de los problemas señalados ayer en un acto realizado en la calle 162 con séptima. Hasta allá, delegaciones campesinas e indígenas de la Cumbre Agraria se acercaron para compartirse la tarde: una tarde fría arropada por un canelazo caliente, por jóvenes malabaristas, por diversos documentales realizados en el barrio, por pancartas que reclamaban indignación también en Usaquén, y por quienes se acercaban al lugar o lo veían desde la distancia tímidos al arrimarse demasiado.

El cerro San Cristóbal, situado en la parte nororiental de Bogotá, tiene la peculiaridad de ser estrato 1 en medio de un estrato 6, que es el resto de la localidad de Usaquén. Según Edgar Martínez, un vecino del barrio que aspira a Edil de la localidad y que compartió con los allí presentes los problemas del cerro, aseguraba que la alcaldía central quiere eliminarles por la situación estratégica que tienen (situados al norte de la capital), por el interés de las empresa constructoras en la zona y porque el resto de la localidad la forma un estrato social mucho mas alto, lo que supone más ingresos para el heraldo público.

“Con nosotros aquí están perdiendo dinero”, aseguraba Martínez intentando comprender las razones por el afán de no adaptar el cerro a las necesidades de sus habitantes.  Aun así, y ante las amenazas indirectas que sufren para mudarse al sur de la capital, como miembro de la mesa de medio ambiente de San Cristóbal y activo en la vida social y política del cerro, aseguraba luchar por lo que considera que es suyo y de sus vecinos y vecinas.

El cerro se formó hacia los años 60, cuando miles de colombianos y colombianas tuvieron que emigrar del campo a la ciudad por motivos económicos, principalmente, y la construcción de las casas se fue haciendo según las circunstancias del momento. Es por ello, que desde los poderes públicos deseen remodelar el cerro, darle otro ambiente, otorgarle de casas acomodadas y edificios altos desde donde la altura no sólo sirva para ver a lo lejos toda la ciudad, sino también para ascender de clase social.

Y es que la situación privilegiada de este cerro nororiental es atrayente para quienes sólo ven dinero, mientras que para sus habitantes San Cristóbal es su vida, su historia y su memoria.

Algunas imágenes del acto celebrado ayer en el cerro de San Cristóbal, Usaquén.

 

 

Fotografía: Taira Rueda

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