EL TÚNEL QUE NO DEJA VER TODA LA REALIDAD

 

La manipulación y estigmatización mediática hacia los pueblos indígenas de Colombia no permiten conocer la cultura, las tadiciones y la historia de un colectivo ancestral que forma parte de la rica sociedad multiétnica colombiana y Latinoamericana. Una audiencia pública celebrada hoy en el Congreso de la República de Colombia, en Bogotá, con motivo de la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular, ha analizado la responsabilidad de los medios para con estos sectotes sociales.

CONSTITIYENTES POR LA PAZ./ 03.09.2015

Silvia Arjona Martín

 

Los pueblos indígenas concentrados esta semana en Bogotá con motivo de la jornada de indignación organizada por la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular manifiestan su oposición ante la estigmatización que sufren por parte de los medios de comunicación en particular, y por la sociedad en general. El salón Luis Guillermo Vélez del nuevo Congreso de la República de Colombia ha sido el lugar donde se han puesto sobre la mesa una serie de reivindicaciones por parte de los pueblos indígenas asistentes en una audiencia pública cuyo título ha sido “Conflicto armado y paz”.

El programa emitido el 26 de julio por la cadena de televisión Caracol Noticias en el espacio Séptimo Día y titulado "Desarmonización: la flecha del conflicto", ha sido el telón de fondo para hablar de la responsabilidad de los medios a la hora de hablar de la miltuculturalidad en Colombia, así como de la estrategia de los pueblos indígenas para con los medios y periodistas. Formar a indígenas en asuntos periodísticos, radios comunitarias y medios alternativos, entre otros canales, puede ser una opción para establecer nuevas voces -desde dentro y desde abajo- a la hora de informar y sensibilizar a la sociedad sobre su cultura y sus formas de entender la vida.

Por ello, el primer panel analizado en esta audiencia pública ha llevado por título Comunicación propia e intercultural. El Senador del movimiento indígena Luis Evelyn Andrade Casarán, ha explicado en su intervención que no se puede empezar hablando de conflicto armado sin tener en cuenta que los pueblos indígenas son tratados desde conceptos racistas y estigmatizadores que conllevan a un distanciamiento desde distintos sectores de la sociedad. “Se desconocen así sus valores, cultura, propuestas, aportes a la construcción de la sociedad colombiana, derechos…, por lo que queremos analizar el papel y la responsabilidad de los medios para generar entendimiento, acercamiento y reconocimiento en la diversidad en todas sus expresiones, ya que su labor ha de ser la de construir una sociedad respetuosa en nuestro estado multiétnico y pluricultural”, ha incidido a modo de indignación.

“Soy mujer y soy territorio, soy la vida de los pueblos indígenas”

El territorio ha sido otro tema a abordar durante la mañana de esta audiencia pública, teniendo en cuenta la deuda pendiente que existe con estos pueblos para que se les reconozcan los títulos ancestrales de sus tierras. Para estas comunidades el territorio significa todo: cultura, ecología, prosperidad, bienestar, vida… Y para sus mujeres mucho más, sienten una vinculación especial por la tierra, por ser femenina y por ser engendredora de vida, como ellas. 

“Los ríos son nuestras autopistas, los bosques nuestras farmacias, y el territorio es la vida misma, es la posibilidad de existir, que hay que cuidar para las generaciones venidera”, ha explicado una mujer indígena durante la audiencia afirmando también el papel de ellas para el desarrollo de su cultura y tradiciones y para el sostenimiento de sus vidas.

En este sentido, a pesar de que a los pueblos indígenas de Colombia les corresponden unas 14.937 hectáreas, algo que establece la normativa constitucional del país, en realidad éstas no les han sido otorgadas ni se les reconocen sus títulos de propiedad, disminuyendo sus capacidades de desarrollo como comunidades y generando conflictos por el control del territorio entre los poderes y los grupos insurgentes existentes. Y en este tenso tablero, las y los indígenas siempre son una pieza que pierde. 

Debido a esto, las tradiciones indígenas, su cultura, historia y memoria se ven mermadas en el país colombiano. Y eso, volviendo al inicio de la historia cual espiral que une el principio y el final, genera una sociedad que desconoce, estigmatiza y rechaza, tal y como algunos medios de comunicación fomentan en sus programas, editoriales y artículos de opinión. En definitiva, es la visión del túnel que no deja ver toda la realidad.

Por su parte, la jurisdicción especial indígena ha sido un tema también abordado en esta audiencia debido al modo de mostrarla en el programa Séptimo Día anteriormente citado. Algunas ideas planteadas han sido que la justicia indígena aporta a la institucional y se aplica tanto a personas indígenas como a no indígenas, a grupos armados legales e ilegales, ofreciendo así justicia para aquellos actos y aquellas personas necesarias de ser juzgadas. “Manipular esta justicia, que ha sido complementaria a la del estado colombiano, tiene el único propósito de mostrar un sólo lado”, se ha explicado en esta panel. Y mostrar un sólo lado es no reflejar la realidad en su totalidad, es mirar a través del agujero del túnel, es no observar el todo o no querer hacerlo.

El asfalto capitalino como escenario de marcha

La Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular pretende combatir esta única visión y es por ello que sus acciones y actividades continúan desarrollándose hasta el próximo sábado por toda Bogotá. Hoy, al tiempo que se celebraba esta audiencia pública de los pueblos indígenas, el resto de colectivos y entidades campesinas, indígenas y afrodescendientes integrantes de la Cumbre Agraria recorrían el centro de la ciudad desde la plaza de Los Artesanos hasta la plaza Simón Bolívar, con el fin de hacer mucho más visible esta jornada de indignación, llamar a la ciudadanía capitalina y animarla a sumarse a la causa pacífica y popular que se está celebrando estos días de manera masiva. En la plaza se ha reivindicado, a voz de micrófono, justicia y soberanía, incluso por parte compañeros y compañeras venidas de otros países como Brasil y Nicaragua, mostrando así su apoyo y solidaridad a las luchas de los pueblos campesinos, indígenas y afros de Colombia.

Y, aunque parezca imposible, algunos objetivos de la Cumbre Agraria se han podido sentir estos días cuando se ha visto en la Carrera Séptima a tres hombres indígenas del Tolima hablando con otros tres hombres no indígenas de Bogotá, con las diferencias físicas de cada trío:  unos, con pantalón sencillo, camisa blanca y calzado robusto de campo, otros, con traje chaqueta, corbata y zapatos clásicos brillantes; unos, con palos y utensilios típicos indígenas, otros, con maletines negros de oficina; unos, con piel tostada por el sol, otros, con piel blanca por la falta de sol. Los seis hombres sonreían y parecían compartir un agradable momento, mostrando que la posible diferencia (social, cultural, económica, política…) no es incompatible con el respeto y la igualdad 

Por lo tanto, la relación entre campo y ciudad, entre indígenas y afrodescendientes, entre campesinado y capitalinos, entre mujeres y hombres, entre jóvenes y mayores es fundamental para  sumar fuerzas ante las violaciones de derechos humanos y la falta de paz en Colombia.

La Cumbre Agraria continúa sus actividades durante toda la semana con la celebración de un septimazo, programado para este viernes, y de asambleas temáticas populares realizadas por la ciudad con el fin de cumpir todos los objetivos planteados en esta semana de indignación campesina porque, como se cantaba hoy en la plaza Simón Bolívar:

"¡Vamos pueblo, carajo,

el pueblo no se rinde, carajo!"

 

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