LAS MUJERES DEL CAQUETÁ SE UNEN EN ASAMBLEA POR LA PAZ

 

Silvia Arjona Martín.

Diana Morales tarda dos días en llegar a su casa desde Florencia (Caquetá). Vive en lo alto de la montaña, tras pasar La Unión, Tejada y desde ahí recorrer unos cuantos kilómetros a caballo. Su marido y ella compraron una finca de 500 hectáreas hace ya muchos años. “Algo normal -dice- porque por aquellas alturas las fincas son extensísimas”, aunque sólo trabajan la quinta parte. Cultivan plátano, yuca, tienen ocho vacas que les dan leche, queso y carne, también gallinas para huevos, y trabajan un cultivo muy habitual en este departamento: la hoja de coca, “porque no nos queda más remedio”, argumenta con resignación.

Morales es una mujer campesina que también le apuesta por la defensa de los derechos de las mujeres. Se turna con su marido para bajar a Florencia a hacer cada uno sus tareas de militancia, porque él es miembro de la Coordinadora Departamental de Organizaciones Sociales, Ambientales y Campesinas del Caquetá (Coordosac), y aunque su trabajo principal está en las veredas de la zona donde viven, han de visitar Florencia de vez en cuando para reuniones y trabajos colectivos.

La Asamblea Departamental de Mujeres por la Paz, celebrada en la Quebrada La Montañita, una pequeña localidad a 40 minutos de Florencia y organizada por Marcha Patriótica durante el 24 y 25 de noviembre, ha sido el motivo por el que Diana, mujer inquieta y activista, ha tenido que bajar a Florencia dejando a sus hijos, la menor de siete años, al cuidado del hogar y del ganado.

Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que se conmemora el 25 de noviembre, unas 300 mujeres venidas de todo el Caquetá se reunieron para reivindicar sus derechos como féminas pero también para conformar una Comisión Departamental de Mujeres que velen por las injusticias con las que viven y que se refuercen y empoderen como colectivo.

Algunas de las reivindicaciones en el acto eran hacia los gobiernos de Colombia, quienes han invisibilizado y discriminado a las mujeres durante décadas, relegándolas a un segundo plano y no teniéndolas en cuenta a pesar de que ellas también son víctimas directas del conflicto armado. Se sienten cuidadoras del territorio y del país por dedicarse casi en su totalidad a la familia: punto inicial, íntimo y personal de la cadena social de un Estado. Y por ello, apuestan porque sean reconocidas como trabajadoras y mujeres con derechos.

Por citar algunos datos, los cuerpos de las mujeres siguen siendo un lugar de cicatrices por la violencia convirtiendo el feminicidio en una lacra mundial. Según los datos de 2014 del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia (que hasta el año pasado no reconocía el feminicidio como un delito), los casos de feminicidio fueron 1.007 en todo el país. En 2005, las cifras que se tienen hasta mayo han sido de 344 mujeres asesinadas a causa de la violencia machista, unos números que atentan contra cualquier tipo de sociedad democrática que le apuesta a la paz con justicia social. Por otro lado, la violencia sexual contra las mujeres también registra cifras escalofriantes, siendo 5.242 los casos en todo el territorio nacional.

Pero también existe violencia estructural que hace que las mujeres no puedan continuar la escuela por motivos familiares y/o económicos (la tasa de desempleo femenina en Colombia es del 12,1%, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE-); no tengan una educación sexual y reproductiva adecuada provocando numerosos embarazos no deseados a temprana edad; o no tengan acceso a centros de salud cercanos a sus viviendas ni dinero suficiente para pagarse tratamientos por enfermedad, entre otras causas.

Asimismo, existe violencia política que atañe a las mujeres por manifestarse, por ser lideresas comunitarias o defensoras de derechos humanos. De igual modo, la violencia ejercida a través de imágenes, símbolos y mensajes transmitidos por los medios de comunicación y la publicidad perpetúa el modelo capitalista-patriarcal cosificando a las mujeres y perjudicando su percepción como personas.

Una agenda de compromiso

Muchas de las mujeres caqueteñas participantes de esta Asamblea Departamental por la Paz no saben leer ni escribir y lo que demandan es formación. Tienen capacidad suficiente para aprender y quieren hacerlo, que es lo más interesante, a pesar de sus tiempos casi completos al cuidado de la familia, de sus fincas y de los trabajos formales o no en las localidades. Lo primero que pensaban antes de meterse a la organización de algunas de las comisiones generadas en esta asamblea era eso: su tiempo para los demás. Pero su voluntad por organizarse y trabajar juntas se manifestó también como algo importante para sus agendas.

Una comisión de organización, comisión de jóvenes, comisión de educación, comisión de derechos humanos, comisión de paz y constituyentes y comisión de comunicaciones fueron los grupos de trabajo durante esta Asamblea en los que discutir las ideas y propuestas esenciales para continuar el caminar.

El papel de las mujeres en los diálogos del fin del conflicto armado que se está dando en La Habana (Cuba) se planteó de manera transversal en todo el evento porque ellas, desde sus veredas y partiendo de sus necesidades, saben cómo construir la paz en Colombia. Por ello, se consideraron como algo importante las discusiones protagonizadas por la sub-comisión de género en la mesa de los Diálogos de Paz. Y es que, por primera vez en la historia de unos diálogos de paz, el género forma parte de una mesa de discusión entre las partes firmantes del fin del conflicto; pero también, lo plantado ahí es fundamental para arremeter “contra el capitalismo sin sentimientos y el patriarcado autoritario que está en contra de las mujeres, de la naturaleza y de la humanidad”, según explica el sector de las mujeres de Marcha Patriótica.

Andrés Zárate, miembro de Constituyentes por la Paz, fue invitado a la asamblea para explicar cómo las mujeres están siendo tenidas en cuenta en los distintos puntos de trabajo en la mesa de La Habana. Y es que, conocer qué tan importante está siendo el género y la participación de las mujeres en la construcción de la paz, es esencial para plantear la senda a seguir desde la sociedad organizada y activa que se mantiene en los territorios colombianos.

Por su parte, la fotoperiodista freelance Nadège Mazas, de nacionalidad francesa y que lleva ocho años captando imágenes del campo en Colombia, entre otros temas relevantes, contaba en el acto que las luchas de las mujeres son iguales en todo el mundo, a pesar de las diferencias de los contextos culturales y sociales donde se generan. Luchar por los derechos a nivel institucional, pero también pelear por la igualdad entre hombres y mujeres desde la cotidianidad ha sido la guerra de las mujeres en Francia y en, prácticamente, todo el mundo occidental.

En Colombia, la diferencia clave es que el conflicto armado ha atravesado la vida de las mujeres de una manera muy directa, victimizados sus realidades y olvidando sus pesares y sus formas de vivir y sentir la guerra. Es por ello que la necesidad de un nuevo orden político, social y económico en este país fue lo más reclamado en la Asamblea Departamental de Mujeres por la Paz como prioridad para que ellas, y por ende sus familias y territorios, puedan desarrollarse como personas libres, empoderadas y bajo el amparo de la justicia social y la paz

Así, exigieron ser protagónica en la construcción de ese nuevo orden donde se redistribuyan los recursos, donde se garantice a las comunidades rurales el acceso a la tierra, donde se elimine la feminización de la pobreza, donde se redistribuya el trabajo reproductivo, doméstico y del cuidado, donde se elimine la desigualdad salarial, y donde se reconozca el importante aporte que las mujeres le han hecho y le hacen al país.

Visibilizar la causa en las calles

A pesar del sol penetrante de las 12 del mediodía en esta tierra caliente, los distintos colectivos de mujeres caqueteñas se armaron de pancartas, de camisa blancas y al grito de sus gargantas salieron a las calles de La Montañita para visibilizar su causa y para decirle NO a cualquiera de las violencias contra las mujeres en Colombia.

“Mujeres al poder, para nuestros problemas resolver” exigiendo la participación efectiva en los espacios de tomas de decisión. Haciendo parte orgánica de la vida del proceso constituyente. “mujeres unidas apoyando el cese al fuego bilateral y por una vida libre de violencia”, fue otra de sus consignas en esta movilización.

Y así, mostrando que la construcción de país se puede realizar desde la movilización colectiva en los territorios y desde la generación de espacios de participación social y política, las mujeres caqueteñas tienen pendiente seguir germinando la semilla plantada en esta asamblea donde se exigióuna vida libre de violencias para poder, ahora así,  construir la PAZ.

Véase aquí la galería de fotografías de esta Asamblea Departamental de Mujeres Caqueteñas por la paz... https://www.flickr.com/photos/constituyentesporlapaz/albums/721576616002...

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