CONSTRUYENDO LA PAZ DESDE LAS VEREDAS

Intercambio de semillas entre Campesinxs para protegerlas.

Saberes y sabores 10 años sembrando semillas de paz y soberanía para el campesinado vallecaucano

Tienen la piel oscura por el sol, las manos ásperas y robustas y el cuerpo delgado pero muy fibroso. Caminan despacio cargados de bolsos, mochilas y carpas y llegan en chiva. Se abrazan y sonríen para saludarse, pareciendo que se conocieran de siempre. Se les siente felices entre las verdes montañas que les reciben a su llegada. Ellos lucen sombreros tradicionales; ellas, llevan el pelo recogido y delantal. Todos y todas tienen en común algo: la tierra como modo de vida y sentimiento de pertenencia. Son campesinos y campesinas.

El pasado fin de semana unas 300 personas (del campo y de la ciudad, jóvenes estudiantes, periodistas…) procedentes del Valle del Cauca, Cauca y Nariño se reunieron en el regimiento de Venus, en el municipio de Tuluá, para celebrar el X Encuentro de Sabores y Saberes Campesinos del 15 al 17 de agosto. Niños y niñas, jóvenes, adultos y mayores: cuatro generaciones venidas desde otras veredas para trabajar juntas en pro de la soberanía alimentaria y la paz.

La Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca (Astracava) hacía de anfitriona en el mismo lugar y bajo las mismas montañas donde hace diez años se iniciaron estos encuentros. Entre el sábado y el lunes (el fin de semana era puente) se realizaron un conjunto de eventos en el centro educativo de Venus: un intercambio de tradiciones y semillas, la III Constituyente Campesina dividida en varios ejes de trabajo, y el Festival de Música Campesina Melesio Suárez. El objetivo, perpetuar el poder popular campesino en el ámbito político, económico, cultural y social.  

La zona vallecaucana presenta una tierra fértil que permite variedad de cultivos, en las tierras planas donde la caña de azúcar predomina como insumo de los ingenios azucareros, hasta las zonas más montañosas, donde se cultiva el café, el plátano, diferentes frutales y diversas hortalizas. Los pueblos de este Valle han sufrido durante el último decenio fuertes desplazamientos de población tras la arremetida paramilitar, ocasionando un cambio en el uso de la tierra, según el informe “Asopecam: ejemplos de producción orgánica y relevo generacional”. De este modo, fincas cafeteras se convirtieron en ganaderas al cambiar sus dueños, generando un nuevo proceso de acumulación de tierras y ocasionando problemas ambientales como la erosión y la degradación de suelos debido a su mal uso.

Por otro lado, en la actualidad el uso de tecnología y agroquímicos para el cultivo del café está afectando a las prácticas tradicionales y agroecológicas, unas técnicas que cada vez más reivindican las asociaciones de campesinado en la zona y que se vieron presentes en el Encuentro de Saberes y Sabores Campesinos.

Tres años constituyendo poder popular

Durante tres años se han ido realizando espacios de constituyentes con el campesinado del Valle del Cauca promovidos por Astracava(Asociación de trabajadores campesinos del Valle del Cauca) . Estos encuentros, que reúnen a distintas organizaciones locales productoras y productores de verduras, hortalizas, frutas y pequeña ganadería, pretenden analizar los problemas asociados al campo, así como establecer propuestas para mejorar la situación. De manera colectiva y muy participativa, el campesinado construye su idea de cómo quiere vivir y trabajar la tierra sin que lo tradicional y lo ancestral se pierda en el camino.

En la III Constituyentes los ejes temáticos fueron: político-organizativo; producción y soberanía alimentaria; territorios, tierras y medio ambiente; juventud; derechos humanos y mujer. De manera especial y dentro del marco del V Encuentro de Zonas de Reserva Campesina (ZRC), que se prevé realizar a finales de 2015, se analizó la situación de éstas y se pusieron sobre la mesa puntos y aspectos a trabajar para el respeto y la consolidación de estas zonas en el país.

Las distintas organizaciones campesinas establecieron propuestas de cambio y de paz donde las relaciones sociales sean más humanas y no estén marcadas por el lucro, el interés ni el estractivismo de los recursos naturales. Advirtieron del abandono estatal y la represión en el campo y exigieron que las demandas que vienen planteando desde sus veredas sean tomadas en cuentas por las autoridades locales y departamentales. Asimismo, plantearon que el poder popular sirva para construir desde lo local, desde las montañas, donde cada quien pueda tomar decisiones y orientar el rumbo de sus vidas y sus tierras.

En cada uno de los ejes de trabajo se establecieron mandatos que, de manera democrática y colectiva, y según las necesidades de cada una de las veredas, tienen como objetivo convertirse en la hoja de ruta a seguir por todas y todos, en los distintos escenarios político-sociales de Colombia.

 

La guerra por la tierra

El conflicto armado en Colombia ha estado muy presente entre el campesinado, especialmente el del Valle del Cauca, y también lo estuvo en esta reunión de campesinado. Aunque se prefiere hablar de los logros, la lucha constante y el trabajo diario, cuando se les pregunta advierten de los abusos de poder por parte de las fuerza militares, de las amenazas que sufren para abandonar sus casas, de los robos de ganado o destrucción de sus cultivos o de la violaciones sexuales a sus mujeres.

Según la Directora Territorial Valle de la Unidad para las Víctimas, Paula Gómez, organización que ha apoyado este encuentro, “la incursión paramilitar en la zona ha hecho mucho daño, tanto individual como colectivo, y en la parte alta de Tuluá existe un corredor fuerte de narcotráfico”.

En esto coincide Darnelli Rodríguez, coordinadora departamental de la Red de Derechos Humanos Isaías Cienfuentes, quien afirma que la persecución a las y los campesinos ha sido fuerte por parte de grupos armados ilegales. A esto se suma la creación del Batallón de Alta Montaña en la zona de Barragán, donde el ejército ha cometido bastantes violaciones de derechos humanos desde amenazas, robo en sus viviendas, ocupación de lugares civiles como las escuelas, abusos sexuales a compañeras…

De una forma más gráfica me explica el profesor Wilson, un hombre bonachón y sonriente que afirma ser de los pocos que ha nacido en el corregimiento y que ha dado su vida por la educación de la gente más joven. Se rodea de sus ex alumnos -ahora adultos y amigos- en la tienda que está situada frente al centro educativo de Venus y que sirve de lugar de recreo y despeje durante este encuentro, y me explica, con pavor, el asesinato de mucha de su gente cercana. Se detiene en la muerte de aquél niño con problemas auditivos al que “había que gritarle para hablarle” y que, con mucho esfuerzo consiguió que estudiara y fuese reconocido entre su familia y amigos. “¡Pero el ejército le asesinó con la excusa de pertenecer a la insurgencia, a pesar de tener siete u ocho años!”, exclama y muestra con los ojos bien abiertos su estupefacción e indignación.

Y es que a partir de la Doctrina de Seguridad Nacional, un concepto y práctica que nace con la Guerra Fría y que es aplicado por las fuerza militares latinoamericanas, “el ejército se instaló la idea que las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes apoyan a la insurgencia. Y sobre estas acusaciones es el principal punto por el que actúan, vulnerando el Derecho Internacional Humanitario (DIH) y relacionando y vinculando a la población civil con el conflicto armado”, explica Alex Iván Larrea, vocero departamental de Marcha Patriótica y miembro de la Unidad Popular del Suroccidente colombiano presente y activo en este encuentro campesino.

Asimismo, Evar Corrales, campesino y miembro de Astracava Tuluá, advierte que al campo no lleguen los servicios mínimos de salud y educación. No hay buenas vías de transporte, no hay servicios básicos dignos (alcantarillado, luz, agua potable…) y lo que se busca también en este tipo de encuentros es pensar cómo mejorar las condiciones de vida digna de las comunidades”.

Zonas de Reserva Campesina

El campesinado sabe dónde plantar y cuándo recoger la cosecha, cómo combatir una plaga, cuánta cantidad producir y de qué forma cuidar a sus animales y plantas…, pero también sabe organizarse y luchar por lo es suyo. En Colombia existe la concentración de la tierra y según el Censo Nacional Agropecuario, el 0,4% de los propietarios poseen el 46% de las tierras, divididas en terrenos de hasta 500 hectáreas, mientras que el otro 70% de los propietarios solo tienen el 5% del total de la zona rural colombiana, con predios de cinco hectáreas como máximo. Además, sólo el 6,3 % del área rural de Colombia (7,1 millones de hectáreas), es usada para cultivos agrícolas, mientras que el 93,7 % restante es utilizada para otras actividades como la ganadería; lo que da para pensar, teniendo en cuenta los índices de pobreza y desnutrición en el país.
 
Por otro lado, existen siete millones de personas desplazadas de sus territorios debido al conflicto armado, una cifra excesiva que atraviesa toda una sociedad cansada de la guerra y que exigen regresar al campo. “Si no hay una verdadera reforma agraria integral no puede haber paz”, asegura Carmenza Gómez, presidenta de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ZRC) y miembro de Astracava.

Esta mujer, enérgica y que se mueve de mesa en mesa escuchando y tomando nota de las aportaciones de cada equipo de trabajo en este X Encuentro Campesino, se muestra convencida de que desde estos espacios organizativos se puede reformar el país y construirlo para que toda la sociedad quepa. “Queremos una paz con justicia social y con derechos donde exista unidad entre todas y todos y donde se hagan realidad los cambios que se vienen plantando en esos espacios sociales”.

Para Carmensa son muy importantes las ZRC puesto que son territorios constituidos a partir de las necesidades del campesinado, quien realiza un plan de desarrollo para definir cómo quieren que sea su territorio. En Colombia hay seis ZRC y otras siete que son sólo una iniciativa porque “el Gobierno Nacional ha negado su reconocimiento jurídico, aunque aun así se viene trabajando igualmente como si fuera una ZRC”, matiza.

“En estas zonas se rescata y protege la cultura campesina, las semillas ancestrales, las prácticas antiguas de labrar la tierra”, argumenta convencida y convenciendo de su pura necesidad tanto para el campesinado, como para la producción agrícola (que llega a todas las ciudades), así como para el medio ambiente y su cuidado.

 

Sabores con aroma

Frijoles, maíz, yuca, arroz, papas, plátano, banano, mora, naranja… fueron algunos de los productos que se degustaron y cuyas semillas se intercambiaron entre el campesinado, con la ayuda de las y los más pequeños que estuvieron presentes, quienes se encargaron de explicar la procedencia de cada grano.

Para Gladis Sierra, vicepresidenta de la Asociación de Pequeños Agricultores Campesinos de La Marina (Asopecam), del municipio de Tuluá, “la mayoría de semillas que llegan al campo son transgénicas y producen grandes daños a la madre tierra y a la salud de las personas, por eso es importante este encuentro donde se fomenta la agroecología y se da importancia a mejorar el medio ambiente y a recuperar las semillas tradicionales”.

Gladis reparte café orgánico entre los asistentes que se acercan al stand que ha instalado para promocionar los productos que vende su organización. Harina de guineo producida a base de un proceso manual en su finca, cúrcuma, cacao, aceites esenciales, champú, vino de naranja sin alcohol, adobos y ensaladas. Todos son muy apetecibles y desprenden un aroma propio de los productos recién sacados del huerto. Nos llevamos una bolsita de cúrcuma bien amarilla sin pensarlo mucho, un producto fresco, local y sin intermediaros para aromatizar y dar sabor a nuestros almuerzos.

Mientras, en los fogones, un conjunto de mujeres y algunos hombres trabajaron constantes y sin casi descanso durante los tres días de encuentro para que no faltase ningún plato de comida para todas las personas concentradas en Venus. Unos alimentos procedentes de la tierra que aliñaron el encuentro con sabor tradicional y local.

La música tradicional tampoco pasó desapercibida en este encuentro de Sabores y Saberes. Los más mayores de las veredas, armados de sus guitarras como una extremidad más de su cuerpo, alegraron la noche del domingo donde, a pesar del cansancio de tres días pasados por agua -por momentos- y frío nocturno, consiguieron levantar de las sillas los cuerpos del público que bailaron una retahíla de canciones populares. Se celebraba así el Festival de Música Campesina Melesio Suárez para rememorar el folclore del campo y homenajear al propio Suárez cuyas arrugas en la piel no le impidieron danzar como el que más.

Y así, bañados de música tradicional y bailes populares, concluyó el X Encuentro de Sabores y Saberes Campesinos del Valle del Cauca ajenos a lo que en un tiempo escondieron y callaron las verdes montañas que ahora nos protegían.

Vea acá el video:

https://youtu.be/t7ZutYSDYpI